Al final, sólo recuerdo que desde la calle y a través de las salas y de los estrados, mientras el
abogado seguía hablando, oí sonar la corneta de un vendedor de helados. Fui asaltado por los
recuerdos de una vida que ya no me pertenecía más, pero en la que había encontrado las más
pobres y las más firmes de mis alegrías: los olores de verano, el barrio que amaba, un cierto cielo
de la tarde, la risa y los vestidos de María. Me subió entonces a la garganta toda la inutilidad de lo
que estaba haciendo en ese lugar, y no tuve sino una urgencia: que terminaran cuanto antes para
volver a la celda a dormir.
***
En cuanto salió, recuperé la calma. Me sentía agotado y me arrojé sobre el camastro. Creo que
dormí porque me desperté con las estrellas sobre el rostro. Los ruidos del campo subían hasta mí.
Olores a noche, a tierra y a sal me refrescaban las sienes. La maravillosa paz de este verano
adormecido penetraba en mí como una marea. En ese momento y en el límite de la noche,
aullaron las sirenas. Anunciaban partidas hacia un mundo que ahora me era para siempre
indiferente. Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. Me pareció que
comprendía por qué, al final de su vida, había tenido un «novio», por qué había jugado a comenzar
otra vez. Allá, allá también, en torno de ese asilo en el que las vidas se extinguían, la noche era
como una tregua melancólica. Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y
pronta para revivir todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía
pronto a revivir todo. Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de
esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a
la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin,
comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me
sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y
que me reciban con gritos de odio.
El extranjero (1942)
