16.9.09

Caparrós

"En Goya las puertas de las grandes casas antiguas están abiertas. Dan a un pasillo ancho de cuatro o cinco metros que termina en otra pierta -cerrada pero sin llave- que abre sobre el patio; en el medio está el aljibe, alrededor los cuartos.

-Yo en Buenos Aires estaba preocupado por el cero kilómetro y tenía la presión alta, una úlcera. Y mirá ahora, cómo ando.
Me dice un porteño reconvertido, y me muestra su bicicleta entre las piernas.
-Esto es pura tranquilidad, un paraíso.
Después a lo largo de siete u ocho cuadras, seis personas me dijeron lo mismo. Lo bueno del paraíso es que puede tener formas tan variadas.


***


El cuidado del cuerpo está hecho de simular desplazamientos que no te llevan a ninguna parte - cinta, remos, bicicletas de gimnasio. Y los desplazamientos verdaderos simulan no implicar al cuerpo. Horas y horas sentado, el asiento del Erre.

Y de pronto estoy alto, sierra subtropical recorrida por nubes. De pronto todo es nube: Cuesta del Portezuelo, no se ve a cinco metros. Tanta majestad - y no se ve.

A veces la belleza es suponerla. "


El interior (2006)

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